lunes, 14 de mayo de 2012

La Navaja de Ockham

¿Qué influjo embrujado y retorcido, sucubesco y aquelarreiforme, retuerce el intelecto humano a veces? ¿Qué cruel sentido agarra lo sencillo y lo gira y tergiversa hasta convertirlo en un laberinto?
Acudes a la primera guardia y te sientas en una pequeña silla. A tu lado la R2 parece un Sisinio de Castro con bata y mejor cubierta. Ya puedes haber estado haciendo eso mil veces, que cuando llegas al hospital es diferente. Porque tu cabeza no para de pensar y girar alrededor de una idea: "Tío, estas en un maldito hospital". Y eso significa que lo primero que va a entrar por la puerta es un paciente con una enfermedad más rara que encontrar a Wallie en las páginas amarillas. Da igual que hayas estado mil veces en Urgencias como usuario y que sepas que el 99% de los que están allí tienen algo "normal". Normal como lo que nos lleva a gente como tú o como yo a acudir a Urgencias. Me he mareado. Me he caído, Me he torcido un tobillo. Me duele la tripa. Da igual. Porque tu piensas que te va a venir el cuadro más enrevesado posible. Piensas que las Urgencias son una trampa mortal y que ese hombre que ves sentado en la taciturna silla de plástico de la sala de espera cuando entre dentro te va a decir que tiene un síndrome con nombre japonés la ostia de raro y con afectación multiorgánica, con insuficiencia cardiaca desompensada, una oreja verde, prostatitis crónica y un bulto excreciente en la punta de su naríz inquietántemente similar a una peca pero con forma de gnomo. No, tío. Seguramente tiene un resfirado. Deja el Wegener, la infecciones rinocerebrales por mucorales,... La navaja de Ockham. El "si oyes cabalgar piensa en caballos y no en cebras". No. Cuando es tu primer día en Urgencias todo es lo más revuscado.
Y tú te combiertes en el salvador del hombre, de enciclopedista ilustrado. Tienes la necesidad de ponerle nombre y apellidos a esa enfermedad. Te molesta sólo tratarla. Necesitas saber su vida y obra, quién es él, en qué lugar se enamoró de tí y a qué dedica el tiempo libre. Pero al fin y al cabo la persona que tienes delante ha venido porque tiene un problema: o no caga o tira mocos o tiene una infección. Necesita que le trates. Esa es la Urgencia. Para el diagnóstico enrevesado están las consultas, para buscarle los tres pies al gato. Pero tú no piensas eso en ese momento. Piensas en malvados cánceres dolorosos de hipodermis antes de preguntar si se había clavado una pincha. Porque eres un novato y vienes con el chip de supermédico, housiano, que lo mismo te descubre un Charcot-Marie-Tooth que te arregla el acelerador del CERN. ¡Joder, tío! Si el doctor Menendez me ha hecho estudiar el Síndrome de Gallifante-Ornitoptero-ScoobyDoo-Pimentero que tienen dos personas en el mundo y que cada uno es un esquimal de cada polo, es para que lo tengas en cuenta lo primero en tu diagnóstico diferencial. En el fondo sabes que no es eso pero... Y si si lo fuera.
Y la R2 diciéndote que lo que parece sencillo es sencillo y que te concentres en aprender mejor el maldito programa del ordenador que no vas a saber pedir ni papel higiénico. Y tú erre que erre. ¿Y qué no le exploraré el reflejo cremastérico?

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